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El consumo racional y el uso de medios de iluminación cada vez más eficientes, como la tecnología LED, reducen tanto la factura eléctrica como la contaminación ambiental.

Según la Agencia Internacional de Energía (AIE) el 19% de la generación eléctrica mundial se destina a la iluminación. Por su parte, la multinacional Philips asegura que el cambio a sistemas de iluminación más eficientes ahorraría, por ejemplo en la Unión Europea, 4.300.000.000 de euros, equivalentes a 50.000.000 de barriles de petróleo anuales o mil millones de árboles.

Al aumentar la eficiencia de los dispositivos lumínicos y reducir el consumo no sólo se contribuye a disminuir la factura eléctrica, sino que también a proteger el medio ambiente.

Recordemos que la electricidad se produce en las centrales térmicas (que queman derivados del petróleo y liberan SO2 y CO2 –dixido de azufre y dixido de carbono respectivamente– a la atmósfera), centrales hidráulicas (que alteran nuestras cuencas fluviales) y centrales nucleares (con graves problemas de residuos radioactivos).

Es evidente que el derroche energético no nos favorece, agotamos recursos no renovables, liberamos gases contaminantes a la atmósfera, favorecemos el calentamiento global, producimos residuos, transformamos el paisaje, etc.

Entes ecolgicos internacionales estiman que de seguir al actual ritmo creciente de demanda energética en el año 2020 será preciso gestionar 5.000 toneladas de residuos de alta actividad y 243.000 metros cúbicos de residuos de baja y media actividad. Reduciendo el consumo un 30 o 50% evitaramos la emisión de entre 2,3 y 3,8 millones de toneladas de SO2, y entre 39 y 64 millones de toneladas de CO2.

Asimismo, la utilización de materiales no contaminantes es otra de las preocupaciones, habida cuenta de la toxicidad de los elementos de algunas lámparas tradicionales.

Por ejemplo, se calcula que solamente en la Unión Europea hay 35 millones de lámparas de vapor de mercurio, el cual es altamente contaminante, instaladas en calles y autopistas.

No es muy errado estimar que en un año, solamente proveniente de luminarias publicas en un país con mediano nivel de desarrollo, se pueden llegar a tirar de forma no controlada varios centenares de kilos de mercurio y recordemos que 1 Mg. de mercurio puede contaminar mil litros de agua. Las luces LED (Light-Emitting Diode o diodo de emisión de luz) se conocen desde los años 60 y se popularizaron como puntos luminosos rojos y verdes en numerosos aparatos electrónicos. Los avances tecnológicos han ampliando los usos de los LED y hoy en día se utilizan cada vez más como iluminación en lugares públicos, edificios, pantallas gigantes de publicidad, semáforos o linternas para deportes de riesgo. Asimismo, a partir de 2008, el Reglamento CEE permitió usarlas en los automóviles como luces de cruce.

Es una tecnología de bajo consumo que permite múltiples posibilidades de control sobre la misma (tipo de color, intensidad, etc.) y posee un muy bajo grado de contaminación en comparación con viejas tecnologías.

Es sin duda una de las mejores opciones para cuidar y preservar nuestro planeta.

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